LA ILUMINACIÓN ESPIRITUAL

TU LUZ INTERIOR
ESCRITOS Y CUENTOS CON SABIDURÍA
   
ESCRITOS Y CUENTOS PARA EL CRECIMIENTO Y CONOCIMIENTO INTERIOR

BUSCAR


       
   

FRASES ROSARIO CASTELLANOS

FRASES Y CITAS ROSARIO CASTELLANOS

Frases de Rosario Castellanos sobre la sabiduría y la poesía

FRASES ROSARIO CASTELLANOS

ESCRITOS ROSARIO CASTELLANOS

Yo muero de mirarte y no entender

La muerte será la prueba de que hemos vivido.

Debe de haber otro modo de ser, otro modo de ser humano y libre

El que se va se lleva su memoria, su modo de ser río, de ser aire, de ser adiós y nunca

No es equitativo, y por lo tanto tampoco es legítimo que uno tenga la oportunidad de formarse intelectualmente y que al otro no le quede más alternativa que la de permanecer sumido en la ignorancia

Bajo tu tacto tiemblo como un arco en tensión palpitante de flechas y de agudos silbidos inminentes

Mujer que sabe latín | Rosario Castellanos

No hay que aceptar ningún dogma sino hasta ver si es capaz de resistir un buen chiste

Llevo la marca de su pie sin regreso

El matrimonio es el ayuntamiento de dos bestias carnívoras de especie diferente.

No es que el poeta busque la soledad, es que la encuentra.

Algún día lo sabré. Este cuerpo que ha sido mi albergue, mi prisión, mi hospital, es mi tumba.

Feliz de ser quien soy, sólo una gran mirada: ojos de par en par y manos despojadas.

Éramos el abrazo de amor en que se unían el cielo con la tierra

Heme aquí suspirando como el que ama y se acuerda y está lejos

Para el amor no hay tregua

Para el amor no hay cielo, amor, sólo este día

Porque éramos amigos y, a ratos, nos amábamos

Compartimos sólo un desastre lento

Matamos lo que amamos. Lo demás no ha estado vivo nunca

Heme aquí, ya al final, y todavía no sé qué cara le daré a la muerte.

Damos la vida sólo a lo que odiamos

Aprendí, si no a dar más que no es fácil, sí a pedir menos que casi es indispensable.

No soy de los que exprimen su corazón en un lugar violento. Soy de los que atestiguan la belleza y la muerte de la rosa.

Éramos el abrazo de amor en que se unían el cielo con la tierra.

No te acerques a mí, hombre que haces el mundo, déjame, no es preciso que me mates. Yo soy de los que mueren solos, de los que mueren de algo peor que vergüenza. Yo me muero de mirarte y no entender.

No es que el poeta busque soledad, es que la encuentra.

Matamos lo que amamos. Lo demás no ha estado vivo nunca.

El que se va se lleva su memoria, su modo de ser río, de ser aire, de ser adiós y nunca.

Mi sangre se enardece igual que una jauría olfateando la presa y el estrago pero bajo tu voz mi corazón se rinde en palomas devotas y sumidas.

Para el amor no hay cielo, amor, sólo este día.

Heme aquí suspirando como el que ama y se acuerda y está lejos.

Somos la raza estrangulada por la inteligencia, «La insuperable, mundialmente famosa trapecista que ejecuta sin mácula triple salto mortal en el vacío (la inteligencia es una prostituta que se vende por un poco de brillo y que no sabe ya ruborizarse).

Porque hay aún un continente verde que imanta nuestras brújulas. Un ancho acabamiento de pirámides en cuyas cumbres bailan doncellas vegetales con ritmos milenarios y recientes.

Nunca digas que es tuya la tiniebla, no te bebas de un sorbo la alegría. Mira a tu alrededor: hay otro, siempre hay otro. Lo que él respira es lo que a ti te asfixia, lo que come es tu hambre. Muere con la mitad más pura de tu muerte.

En estas vastas galerías de muertos, de fantasmas reumáticos y polvo, nos hinchamos de orgullo y de soberbia.

Tu sabor se anticipa entre las uvas que lentamente ceden a la lengua comunicando azúcares íntimos y selectos.

Hablábamos la lengua de los dioses, pero era también nuestro silencio igual al de las piedras.

Al pie de un sauce, triste Narciso de las aguas, o cerca de una roca inexorable quiero dejar mi cuerpo como el que deja ropas en la playa.

Nos sorprende palpar un corazón en huelga y unos sesos sin tapa saltarina y un estómago inmune a los venenos.

Y los signos se cierran bajo mis ojos como la flor bajo los dedos torpísimos de un ciego.

Considera, alma mía, esta textura Áspera al tacto, a la que llaman vida.

Y yo que me soñaba nube, agua, aire sobre la hoja, fuego de mil cambiantes llamaradas, sólo supe yacer.

Porque si un día cansados de este morir a plazos queremos suicidarnos abriéndonos las venas como cualquier romano, nos sorprende saber que no tenemos sangre ni tinta enrojecida: que nos circula un aire tan gratis como el agua.

¿Por qué decir nombres de dioses, astros espumas de un océano invisible, polen de los jardines más remotos? Si nos duele la vida, si cada día llega desgarrando la entraña, si cada noche cae convulsa, asesinada.

Y entonces supe: yo no estaba allí ni en ninguna otra parte ni había estado nunca ni estaría.

El hombre es animal de soledades, ciervo con una flecha en el ijar que huye y se desangra.

Estábamos entonces cerca, apretados, juntos. No era como ahora.

No era como ahora que parecemos aventadas nubes o dispersadas hojas.

Visitaría en Europa lo típico: alguna ruina humeante o algún pueblo afilando las garras y los dientes. Alguna catedral mal ventilada, invadida de moho y oro inútil y en el fondo un cartel: Negocio en quiebra.

De las bocas destruidas quiere subir hasta mi boca un canto, un olor de resinas quemadas, algún gesto de misteriosa roca trabajada.

Río de sangre, cinturón de fuego. En las tierras que tiñe, en la selva multípara, en el litoral bravo de mestiza mellado de ciclones y tormentas, en este continente que agoniza bien podemos plantar una esperanza.

El suicidio también pasó de moda y no conviene dar un paso en falso cuando mejor podemos deslizarnos. ¡Qué gracia de patines sobre el hielo! ¡Qué tobogán más fino! ¡Qué pista lubricada! ¡Qué maquinaria exacta y aceitada!

¿Cómo podrías estar solo a la hora completa, en que las cosas y tú hablan y hablan, hasta el amanecer?

El mundo era la forma perpetua del asombro renovada en el ir y venir de la ola, consubstancial al giro de la espuma y el silencio, una simple condición de las cosas.

No me explico por qué fue indispensable que alguien inventara el reloj y desde entonces todo se atrasa o se adelanta, la vida se fracciona en horas y en minutos o se quiebra o se para.

¡Qué cuidadosamente nos mentimos!¡Qué cotidianamente planchamos nuestras máscaras para hormiguear un rato bajo el sol!

¡No poder escapar del sueño que hace muecas obscenas columpiándose en las lámparas! Es así como nacen nuestros hijos. Parimos con dolor y con vergüenza, cortamos el cordón umbilical aprisa como quien se desprende de un fardo o de un castigo.

Es esta rueda isócrona fija entre cuatro cirios, esta nube exprimida y paralítica y esta sangre blancuzca en un tubo de ensayo.

Y nos regocijamos de estar en el secreto, de guiñarnos los ojos a espaldas de la muerte.

Punzaba el aire en las avispas múltiples y vertía chorritos de miel en cada herida para que el equilibrio permaneciera invicto.

Tal vez yo no debiera descubrirlo pero fue el primer círculo vicioso mordiéndose la cola.

En un día de amor yo bajé hasta la tierra: vibraba como un pájaro crucificado en vuelo y olía a hierba húmeda, a cabellera suelta, a cuerpo traspasado de sol al mediodía.

Engaño en este ciego desnudarse, terror del ataúd escondido en el lecho, del sudario extendido y la marmórea lápida cayendo sobre el pecho.

Pero alguien (ya no acierto con la estructura inmensa de su nombre) dijo entonces: No es bueno que la belleza esté desamparada y electrizó una célula.

Piensa en la tejedora; en su paciencia para recomenzar una tarea siempre inacabada.

La soledad trazó su paisaje de escombros. La desnudez hostil es su cifra ante el hombre.

El aire no es bastante para los dos. Y no basta la tierra para los cuerpos juntos y la ración de la esperanza es poca y el dolor no se puede compartir.

La manzana cayó; pero no sobre un Newton de fácil digestión, sino sobre el atónito apetito de Adán (se atragantó con ella como era natural).

Abandonados siempre. ¿De qué? ¿De quién? ¿De dónde? No importa. Nada más abandonados.

Ese día de amor yo fui como la tierra: sus jugos me sitiaban tumultuosos y dulces y la raíz bebía con mis poros el aire y un rumor galopaba desde siempre para encontrar los cauces de mi oreja.

Nadie lo confesaba, pero todos estaban orgullosos de ser como juguetes en las manos de un niño.

No, yo no quiero hablar de nuestras noches cuando nos retorcemos como papel al fuego. Los espejos se inundan y rebasan de espanto mirando estupefactos nuestros rostros.

A ningún otro hiere un olvido, una ausencia, a veces menos.

Venturosa ciudad amurallada, ceñida de milagros, descanso en el recinto de este cuerpo que empieza donde termina el mío.

No, no es la solución tirarse bajo un tren como la Ana de Tolstoi ni apurar el arsénico de Madame Bovary ni aguardar en los páramos de Ávila la visita del ángel con venablo antes de liarse el manto a la cabeza y comenzar a actuar.

Miro las herramientas, el mundo que los hombres hacen, donde se afanan, sudan, paren , cohabitan.

[1/2]

AUTORES RECOMENDADOS

ALAN WATTS
IMÁGENES  ESCRITOS  FRASES 

ALBERT EINSTEIN
IMÁGENES  ESCRITOS  FRASES 

BARRY LONG
IMÁGENES  ESCRITOS  FRASES 

BUDA
IMÁGENES  ESCRITOS  FRASES 

CARL GUSTAV JUNG
IMÁGENES  ESCRITOS  FRASES 

DEEPAK CHOPRA
IMÁGENES  ESCRITOS  FRASES 

ECKHART TOLLE
IMÁGENES  ESCRITOS  FRASES 

EL KYBALION
IMÁGENES  ESCRITOS  FRASES 

FACUNDO CABRAL
IMÁGENES  ESCRITOS  FRASES 

GONZALO GALLO
IMÁGENES  ESCRITOS  FRASES 

JEBUNA
IMÁGENES  ESCRITOS  FRASES 

JESUS EL CRISTO
IMÁGENES  ESCRITOS  FRASES 

JOE DISPENZA
IMÁGENES  ESCRITOS  FRASES 

LEON TOLSTOI
IMÁGENES  ESCRITOS  FRASES 

MAHATMA GANDHI
IMÁGENES  ESCRITOS  FRASES 

MOOJI
IMÁGENES  ESCRITOS  FRASES 

OMRAAM MIKHAEL
IMÁGENES  ESCRITOS  FRASES 

OSHO
IMÁGENES  ESCRITOS  FRASES 

PAULO COELHO
IMÁGENES  ESCRITOS  FRASES 

RAJINDER SINGH
IMÁGENES  ESCRITOS  FRASES 

SADHGURU JAGGI VASUDEV
IMÁGENES  ESCRITOS  FRASES 

SAINT GERMAIN
IMÁGENES  ESCRITOS  FRASES 

THICH NHAT HANH
IMÁGENES  ESCRITOS  FRASES 

WAYNE DYER
IMÁGENES  ESCRITOS  FRASES