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ANTONIO MACHADO

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Virtud es fortaleza, ser bueno es ser valiente; escudo, espada y maza llevar bajo la frente; porque el valor honrado de todas armas viste: no sólo para, hiere, y más que aguarda, embiste.

Mi alma no está dormida. Está despierta, completamente despierta. No duerme ni sueña, sino que observa, con los ojos muy abiertos, cosas lejanas, y escucha a orillas del gran silencio.

Cuando nos vimos por primera vez, no hicimos sino recordarnos. Aunque te parezca absurdo, yo he llorado cuando tuve conciencia de mi amor hacia ti, por no haberte querido toda la vida.

Cuatro principios a tener en cuenta: lo contrario es también frecuente. No basta mover para renovar. No basta renovar para mejorar. No hay nada que sea absolutamente empeorable.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos y el coro de los grillos que cantan a la luna. A distinguir me paro las voces de los ecos, y escucho solamente, entre las voces, una.

Yo he visto garras fieras en las pulidas manos; conozco grajos mélicos y líricos marranos… El más truhan se lleva la mano al corazón, y el bruto más espeso se carga de razón.

También es el filósofo, digámoslo de pasada, el hombre que no quisiera dar nunca en el blanco sobre el cual dispara y para ello lo pone más allá del alcance de toda escopeta.

Que dos y dos sean necesariamente cuatro, es una opinión que muchos compartimos. Pero si alguien sinceramente piensa otra cosa, que lo diga. Aquí no nos asombramos de nada.

Desgarrada la nube; el arco iris brillando ya en el cielo, y en un fanal de lluvia y sol el campo envuelto. Desperté ¿Quién enturbia los mágicos cristales de mi sueño?

Soñé ¡error maravilloso! – que tenía una colmena aquí dentro de mi corazón. Y las abejas doradas estaban haciendo peines blancos y dulce miel de mis viejos fracasos.

El hombre sólo es rico en hipocresía. En sus diez mil disfraces para engañar confía; y con la doble llave que guarda su mansión para la ajena hace ganzúa de ladrón.

Y en todas partes he visto gentes que danzan o juegan, cuando pueden, y laboran sus cuatro palmos de tierra. Nunca, si llegan a un sitio, preguntan adónde llegan

Dondequiera que el aprendizaje genere especialistas, la suma de la cultura humana se ve reforzada por eso. Esa es la ilusión y el consuelo de los especialistas.

Evite los púlpitos, plataformas, escenarios y pedestales. Mantente al suelo duro. Es la única forma en que puedes juzgar tu estatus aproximado como hombre.

La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos. (Paráfrasis de Epicuro).

El infierno es la mansión espeluznante del tiempo, en cuyo círculo más profundo Satanás mismo espera, enrollando un reloj gigantesco en su mano.

Las palabras más profundas del hombre sabio nos enseñan lo mismo que el silbido del viento cuando sopla o el sonido del agua cuando fluye.

La zona más rica de nuestras almas, desde luego la más extensa, es aquella que suele estar vedada al conocimiento por nuestro amor propio.

La pasión del hombre por la verdad es tal que dará la bienvenida al más amargo de todos los postulados siempre que le parezca cierto.

En España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa. Nunca extrañéis que un necio se descuerne luchando por la idea

Si cada español hablase de lo que entiende, y de nada más, habría un gran silencio que podríamos aprovechar para el estudio.

En la rueda más pequeña de nuestro razonamiento es posible que un puñado de preguntas rompa el banco de nuestras respuestas.

En política solo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire; jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela.

La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos.

La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras lo somos, la muerte no es, y cuando la muerte es, no lo somos.

No extrañéis, dulces amigos, que esté mi frente arrugada: yo vivo en paz con los hombres y en guerra con mis entrañas.

Nadie debe asustarse de lo que piensa, aunque su pensar aparezca en pugna con las leyes más elementales de la lógica.

Luz del alma, luz divina, faro, antorcha, estrella, sol… Un hombre a tientas camina; lleva a la espalda un farol.

El manuscrito inédito es como un pecado no confeso que se infecta en el alma, corrompiéndolo y contaminándolo.

Aquellos que niegan la existencia de la verdad postulan la verdad de su negación y se contradicen a sí mismos.

Mi filosofía es fundamentalmente triste, pero no soy un hombre triste, y no creo que entristezca a nadie más.

En preguntar lo que sabes el tiempo no has de perder… Y a preguntas sin respuesta ¿quién te podrá responder?

En el análisis psicológico de las grandes traiciones encontraréis siempre la mentecatez de Judas Iscariote.

Aprende a dudar y acabarás dudando de tu propia duda; de este modo premia Dios al escéptico y al creyente.

Es el mejor de los buenos quien sabe que en esta vida todo es cuestión de medida: un poco más, algo menos.

¿Dices que nada se crea?, no te importe, con el barro de la tierra, haz una copa para que beba tu hermano.

Tenga cuidado con la comunidad en la que no existe la blasfemia: por debajo, el ateísmo es desenfrenado.

Benevolencia no quiere decir tolerancia de lo ruin, o conformidad con lo inepto, sino voluntad de bien.

De lo que llaman los hombres virtud, justicia y bondad, una mitad es envidia, y la otra no es caridad.

Nunca perdáis contacto con el suelo; porque sólo así tendréis una idea aproximada de vuestra estatura.

El bueno es el que guarda, cual venta del camino, para el sediento el agua, para el borracho el vino.

Nuestras horas son minutos cuando esperamos saber, y siglos cuando sabemos lo que se puede aprender.

Debajo de todo lo que pensamos, vive todo lo que creemos, como el último velo de nuestros espíritus.

Cuatro cosas tiene el hombre que no sirven en el mar: ancla, timón y remos, y el miedo a naufragar.

No te fíes de las palabras: En esta vida encontrarás a muchas personas que viven mal y hablan bien.

Es propio de hombres de cabezas medianas embestir contra todo aquello que no les cabe en la cabeza.

¿Para qué llamar caminos a los surcos del azar? Todo el que camina anda, como Jesús, sobre el mar.

No hay nadie tan atado a su propia cara que no albergue la esperanza de presentarle otra al mundo.

Hay dos clases de hombres: los que viven hablando de las virtudes y los que se limitan a tenerlas.

Moneda que está en la mano, tal vez se deba guardar. La monedita del alma se pierde si no se da.

En el corazón tenía la espina de una pasión. Logré arrancármela un día: ya no siento el corazón.

Converso con el hombre que siempre va conmigo. Quien habla solo, espera hablar con Dios un día.

Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar.

Nadie puede arrojar luz sobre los vicios que no tiene o las aflicciones que ha experimentado.

La mano del piadoso nos quita siempre honor; mas nunca ofende al darnos su mano el lidiador.

Enseña el Cristo: a tu prójimo amarás como a ti mismo, pero no olvides nunca que es otro.

Los ojos porque suspiras, sábelo bien, los ojos en que te miras son ojos porque te ven.

Jamás perdona el necio si ve la nuez vacía que dio a cascar al diente de la sabiduría.

Toda incertidumbre es fructífera… siempre que vaya acompañada del deseo de comprender

El único lenguaje viviente es el lenguaje en el que pensamos y tenemos nuestro ser.

En la desesperanza y en la melancolía de tu recuerdo, Soria, mi corazón se abreva.

Despacito y buena letra, que el hacer las cosas bien, importa más que el hacerlas.

Los que están siempre de vuelta de todo son los que nunca han ido a ninguna parte.

Virtud es la alegría que alivia el corazón más grave y desarruga el ceño de catón.

Dicen que el hombre no es hombre mientras no oye su nombre de labios de una mujer.

No intentes apresurar las cosas: para que la copa se acabe, primero debe llenarse.

Puestos a elegir entre la verdad y el placer de buscarla, elegiríamos lo segundo.

Por mucho que un hombre valga, nunca tendrá valor más alto que el de ser hombre.

Pensé que mi fuego estaba apagado, y revolví las cenizas… Me quemé los dedos.

El hombre es contradictorio. Esa es la esencia de lo específicamente humano.

Lo que el poeta está buscando no es el yo fundamental, sino el yo profundo.

¿Dijiste media verdad? Dirán que mientes dos veces si dices la otra mitad.

Tengo a mis amigos en mi soledad; cuando estoy con ellos ¡qué lejos están!

La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés.

Los grandes filósofos son poetas que creen en la realidad de sus poemas.

El ojo que tú ves no es ojo porque tú lo veas, es ojo porque él te ve.

Juzgarnos o corregirnos supone aplicar la medida ajena al paño propio.

Tu verdad no; la verdad y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela.

La ausencia de vicios suma muy poco a la suma de las virtudes de uno.

A las palabras de amor les sienta bien un poquito de exageración.

Tras el vivir y el soñar, está lo que más importa: el despertar.

Descubrí el secreto del mar meditando sobre una gota de rocío.

Ni el pasado ha muerto ni está el mañana, ni el ayer escrito.

Ayudadme a comprender lo que os digo y os lo explicaré mejor.

Solo un tonto piensa que el precio y el valor son los mismos.

En mi soledad he visto cosas muy claras que no son verdad.

Hay que llegar al final desnudo como los hijos de la mar.

Después de la verdad nada hay tan bello como la ficción.

La alegría consiste en tener salud y la mollera vacía.

Poned atención: un corazón solitario no es un corazón.

Para dialogar, preguntad primero; después… escuchad.

Entre vivir y soñar hay una tercera cosa. Adivínalo.

Todos nuestros esfuerzos deben tender hacia la luz.

La primavera ha venido, nadie sabe cómo ha sido.

Peor que ver la realidad negra, es el no verla.

Todo lo que se ignora, se desprecia.

Todo necio confunde valor y precio.

Lo que se ignora, se desprecia.

Y en todas partes he visto.

Busca en tu espejo al otro.

Hoy es siempre todavía.