La naturaleza humana

Cuento Zen (262)

Un científico se había pasado diez años investigando la posibilidad de transformar el agua en petróleo. Estaba convencido de que todo lo que necesitaba para llevar a cabo la deseada transformación era una sola sustancia; pero, por más que lo intentó, la fórmula se le resistía.

Un día se enteró de que en las montañas del Tíbet vivía un Lama que lo sabía todo y podía revelarle la fórmula que andaba buscando.

Pero tenía que cumplir tres condiciones: debería viajar hasta allí completamente solo, y el viaje era muy peligroso; debería ir a pie, y el viaje era largo y penoso; y, si conseguía llegar hasta el Lama, no podría hacerle más que una sola pregunta.

Le llevó una serie de largos y penosos meses cumplir las dos primeras condiciones. Y cuando logró llegar a presencia del Lama, se llevó la sorpresa de su vida al comprobar que se trataba no de un anciano con barba y lleno de arrugas, sino de una joven y atractiva mujer, mucho más hermosa que cuanto él habría podido imaginar.

Ella le sonrió dulcemente y, con una voz que a él le pareció celestial, le dijo: ¡Enhorabuena, viajero! Has logrado llegar a esta verdadera fortaleza. Ahora dime. ¿Cuál es tu pregunta?

Y, para su propia sorpresa, el científico se oyó a sí mismo decir: Hermosa mujer, ¿puedo saber si está usted casada?

MORALEJA

Cuando enfocas la vida con el deseo, y solo con el deseo tienes un enfoque parcial; se presentarán malentendidos inevitablemente. Una persona que está intentando imaginarse la vida, va a caer con seguridad en una trampa tremenda y no será capaz de salir de ella fácilmente.

Una vez que empiezas a intelectualizar sobre la vida, comienzas a extraviarte. La vida se tiene que vivir. La vida se tiene que vivir existencialmente y no con el deseo. El deseo no es un puente sino una barrera. El enfoque del deseo es un enfoque mental.

Observa siempre donde termina la necesidad y donde comienza el deseo. Conviértelo en una consciencia continua. Si eres capaz de distinguirlos, habrás alcanzado algo, una pista para la existencia. Tener necesidades es hermoso, desear es feo. Pero hay gente que continúa deseando y va reduciendo sus necesidades, es decir están haciendo justo lo opuesto a lo que hay que hacer.

Un hombre que no desea no puede ser explotado, entonces ninguna iglesia puede explotarte. La explotación sucede porque deseas. Entonces creas la posibilidad de ser explotado. Reduce tus deseos tanto como puedas, porque no son naturales.

Pero nunca reduzcas tus necesidades porque son naturales, trata de satisfacer tus necesidades. Y obsérvalo todo. No hay muchas necesidades, no son muchas, y son muy simples. Deshazte de los deseos y sé consciente. Entonces trascenderás el tiempo. Los deseos crean el tiempo, pero si vas reduciendo los deseos, te encontrarás más allá del tiempo. Y acuérdate de distinguir entre deseo y necesidad, si no te verás sumido en una gran confusión.