El conchudo

Cuento Zen (286)

Este es uno de los secretos más fundamentales del crecimiento interior.

Las personas egoístas no se pueden relacionar, no tienen la cualidad del compromiso, están cerradas. Las personas amorosas pueden relacionarse, están abiertas, pueden compartir su amor de una a otra, pueden convivir bajo el mismo sol y en el mismo viento, pueden tener un diálogo, pueden susurrarse. Pero esto no es posible para las personas egoístas. Las personas egoístas están totalmente cerradas, no tienen ventanas; ¿Cómo van a relacionarse? ¿Cómo va a florecer su amor?

Con el siguiente cuento lo entenderás.

Querido, dijo la mujer, siento verdadera vergüenza de cómo vivimos. Mi padre nos paga la renta de la casa; mi hermano nos manda comida y dinero para ropa; mi tío nos paga las facturas del agua y de la luz; y nuestros amigos nos regalan entradas para el teatro. La verdad es que no me quejo, pero sí creo que podríamos hacerlo mejor...

Naturalmente que podemos, dijo el marido conchudo. Precisamente llevo unos días pensando en ello y veo que tienes un hermano y dos tíos que no nos dan ni un céntimo.

MORALEJA

¿Qué clase de compromiso es el del cuento?

Si no puedes aceptar el estilo de vida de tu futuro marido, no te comprometas con él, es decir, no te cases con él. El amor total tiene la cualidad del compromiso de forma intrínseca. No hay que incluirla, es una cualidad intrínseca.

El compromiso no implica una promesa, simplemente el momento del amor es el momento del compromiso. Estás completamente en él, es decisivo. Y, claro, de este momento nacerá el siguiente, de modo que existen muchas posibilidades de que estéis juntos. Del día de hoy nacerá el mañana.

No nacerá de la nada, crecerá sobre el día de hoy. Si en el día de hoy estás viviendo un gran amor, el mañana llevará implícito también ese amor. Será una continuación. Por eso existen muchas posibilidades de que puedas amar, pero siempre es un quizás. Y el amor conlleva estas circunstancias.

Y si un día dejas a tu mujer, o ella te deja a ti, no le gritarás: ¿Qué quieres decir ahora? Me dijiste un día que: Viviré contigo para siempre, ¿Y ahora qué? ¿Adónde te vas? Si amaste, si has conocido el amor, lo entenderás. El amor tiene la cualidad del compromiso.

El amor es un misterio. Cuando está ahí, todo parece celestial. Cuando se ha ido, todo parece rancio, carente de significado. No podías haber vivido sin esa mujer, y ahora no puedes vivir con ella. Y ambos eran estados auténticos.

Para muchos el compromiso es algo legal, y no debiera ser así. Simplemente, al describir la cualidad del amor, vemos que cuando esté inmerso en él: el compromiso ocurre.

Si un día el amor desaparece, el compromiso también dejará de existir; era una sombra. Cuando el amor se ha ido, no hables de compromiso; si lo haces estás siendo un necio. Era la sombra del amor. Siempre llega con el amor. Y si el amor deja de estar, se va, desaparece. No sigas porfiando inoportunamente en el compromiso: ¿Qué hay del compromiso? Si no hay amor deja de haber compromiso. ¡El amor es el compromiso! Si desaparece, el compromiso deja de existir: ese es el verdadero significado.

Jesús dice a su manera: «Primero, busca el reino de Dios, todo lo demás te será dado». Esto es solo una vieja expresión que quiere decir lo mismo: primero sé, luego todo lo demás te será dado.

No es cuestión de relacionarse con alguien en particular. El hecho básico es que, si tú eres, toda tu vida se vuelve un relacionarse. Es una canción constante, una danza constante; es una continuidad, como el fluir de un río.

Medita, primero encuentra tu centro. Antes de relacionarte con alguien más, relaciónate contigo mismo: este es el requisito básico que hay que cumplir. Sin él, nada es posible.