Albert Einstein lección # 02

No es suficiente enseñar a los hombres una especialidad. Con ello se convierten en algo así como máquinas utilizables pero no en individuos válidos.

ALBERT EINSTEIN

EDUCACIÓN PARA UNA INDEPENDENCIA EN EL PENSAR

No es suficiente enseñar a los hombres una especialidad. Con ello se convierten en algo así como máquinas utilizables pero no en individuos válidos. Para ser individuo válido, el hombre debe sentir intensamente aquello a lo que puede aspirar. Tiene que recibir un sentimiento vivo de lo bello y de lo moralmente bueno. En caso contrario se parece más a un perro bien amaestrado que a un ente armónicamente desarrollado. Debe aprender a comprender las motivaciones, ilusiones y penas de las gentes para adquirir una actitud recta respecto a los individuos y a la sociedad.

Estas cosas tan preciosas las logra el contacto personal entre la generación joven y los que enseñan, y no -al menos en lo fundamental- los libros de texto. Esto es lo que representa la cultura ante todo. Esto es lo que tengo presente cuando recomiendo Humanidades y no un conocimiento árido de la Historia y de la Filosofía.

Dar importancia excesiva y prematura al sistema competitivo y a la especialización en beneficio de la utilidad, segrega al espíritu de la vida cultural y mata el germen del que depende la ciencia especializada.

Para que exista una educación válida es necesario que se desarrolle el pensamiento crítico e independiente de los jóvenes, un desarrollo puesto en peligro continuo por el exceso de materias (sistema puntual). Este exceso conduce necesariamente a la superficialidad y a la falta de cultura verdadera. La enseñanza debe ser tal que pueda recibirse como el mejor regalo y no como una amarga obligación.

Resumen de una entrevista sobre problemas educacionales,
aparecida en el New York Times, otoño de 1952.

Una curiosidad de Albert Einstein

En uno de sus viajes a Florencia para visitar a su hermana (1921), Albert Einstein supo que que una joven que estudiaba Química se alojaba en el departamento de arriba y se interesó en conocerla.

Su nombre era Elisabetta Piccini y tenía 22 años, mientras que Einstein 42. Era hija de un famoso químico. Sin embargo, ella se negó a conocerlo, según información de la casa Winner’s Auctions and Exhibitions.

Así que cuando el físico se fue de Florencia, le dejó una nota en alemán con su firma que decía: a la investigadora científica a cuyos pies estuve tendido y sentado durante dos días, como recuerdo amistoso.

La casa subastó también una nota de 1928 dirigida a Herman Muntz, en la cual Einstein expresó ideas para una tercera etapa de la teoría de la relatividad. Ésta se ofreció en 103 mil 700 dólares.

Aunque en su vida privada el genio de la física ha sido acusado de machista e incluso de misógino, el mundo conoce que sus historias de amor no fueron pocas. Toda su vida estuvo rodeado de mujeres y sostuvo diversas relaciones amorosas.

El primer amor de Albert Einstein

Se conoce que la primera esposa de Albert Einstein fue Mileva Maric, una talentosa estudiante de Física y Matemática de origen servio con quien tuvo tres hijos. Pero en algunas biografías sobre su vida privada se destaca que el primer amor del más brillante y reconocido físico del mundo fue Marie Winteler.

Einstein conoció a Marie en Suiza, cuando tenía 17 años y ella 18. El joven había ido a estudiar allí en la sección técnica de la Escuela Cantonal de Aarau y vivía en casa del profesor Jost Winteler, amigo de sus padres2. La hija más bella del matrimonio Winteler fue el primer flechazo de cupido del genio.

Los padres de ella y la madre de Einstein, Pauline, aprobaron la relación y en ellos creció su primera pasión juvenil. Salían a dar paseos en las tardes y compartían sus talentos musicales: Einstein con el violín y Marie al piano. Como todo joven enamorado Albert Einstein escribió a Marie sendas cartas de amor en tono romántico, algunas de las cuales se conservan: Muchas muchas gracias por tu encantadora cartita, que me hizo inmensamente feliz (...) Solamente ahora comprendo lo imprescindible que mi querido rayo de luz ha sido para mi felicidad (…).

En septiembre de 1896, Einstein finalizaba sus exámenes en Aarau y tendría que ir a estudiar a Alemania. Allí conoció a Mileva Maric, la única mujer que se especializaba en física en el Politécnico de Zurich y con quien empezó un noviazgo que derivó en un embarazo no deseado, luego en un matrimonio con dos hijos, que también ha tenido sus cuestionamientos y finalmente en un divorcio3.

Por la distancia y al dedicarse a sus estudios e investigaciones, campos que compartía con Mileva, Einstein terminó por carta la relación con Marie Winteler. Se dice que la joven quedó destrozada sentimentalmente pues lo amaba y esperaba casarse con él.