MAHOMA PAZ Y AMOR

ANONIMO

11/04/2012

Articulo MAHOMA PAZ Y AMOR

Categoría: RELIGIONES

El nombre de nuestra religión es Islam. Islam significa paz. El Islam nos enseña a vivir en paz; en paz con nuestro Creador, en paz con nuestros semejantes y en paz con nosotros mismos.

PAZ CON DIOS

Paz con Dios implica que nos sometemos completamente a nuestro Amado y Amante Creador. Dios dice a nuestro Santo Profeta Mohammad, la paz y bendiciones de Dios sean con él, en el Sagrado Corán:

«Di, me he sometido completamente a Al-lah y he consagrado todas mis facultades físicas, mentales y espirituales para obtener Su agrado».

Esta es la esencia del Islam. Estar en completo acuerdo y armonía con Al-lah, el verdadero Dios, obedecer Su voluntad y estar dispuesto a renunciar a todo por Su causa. El Sagrado Corán dice:

«Quien someta totalmente su voluntad a Al-lah y siga el camino recto, obtendrá sin duda su recompensa en su Señor. Esta gente no será presa del temor ni se afligirá».

PAZ CON EL PRÓJIMO

La paz con el prójimo, según el Islam, es tan importante como la paz con Dios. Los eruditos musulmanes y los sufis han expuesto esta verdad a su manera. Dicen que los seres humanos son hijos de Al-lah, y así como no podéis complacer a un padre o una madre lastimando a sus hijos, tampoco podréis agradar a Al-lah si lastimáis o perturbáis a vuestros semejantes.

El Santo Corán ordena:

«No creáis disturbios en la tierra después de haber sido reformada» y «Recordad que Dios no ama a los agresores».

Nuestro Santo Profeta, la paz y bendiciones de Dios sean con él, y sus compañeros tuvieron que padecer toda clase de crueldades y persecuciones durante 13 años en la Meca, pero él nunca se vengó ni se tomó la justicia por su mano. Mientras vivió bajo el dominio de los habitantes de la Meca, siguió estrictamente las leyes de la tribu y cuando Dios le concedió poder en Medina, introdujo la ley del Islam. Contrariamente al concepto erróneo general, el Islam es la Religión de Paz para toda la humanidad.

Hay quienes aún mantienen la equívoca impresión de que el Islam es la religión de la espada y que justifica la agresión. Hasta hace poco, ha sido ésta la principal objeción de Occidente hacia el Islam. Pero gracias a la literatura Ahmadía, cada vez mayor número de estudiosos occidentales se está dando cuenta del hecho de que las primeras batallas del Islam fueron puramente defensivas. La historia nos relata que los Quresh de Meca persiguieron a los conversos al Islam sin la menor piedad, privándoles de los más elementales derechos humanos. Durante 13 largos años, atacaron su honor, vida y propiedades sin recibir respuesta alguna de los musulmanes. Para acabar con todo, planearon asesinar al mismo Santo Profeta, la paz y bendiciones de Dios sean con él, cercando su casa con este fin. Pero el Santo Profeta, la paz y bendiciones de Dios sean con él, logró escapar al abrigo de la oscuridad. Abandonó su muy amada ciudad y llegó a Medina bajo la milagrosa protección de Dios Todopoderoso.

Después de 13 años de extremados tormentos, torturas y aflicciones, se concedió permiso a los musulmanes para luchar en defensa propia. Este es el versículo del Sagrado Corán que fue revelado al Santo Profeta, la paz sea con él, a este respecto: «Se permite la lucha a aquellos a quienes se hace la guerra, y Al-lah, en verdad, es poderoso para ayudarles... Son quienes fueron expulsados de sus hogares injustamente sólo porque afirmaron «nuestro Señor es Al-lah». Si Al-lah no refrenara la agresión de unos contra otros, habrían sido destruidos monasterios, iglesias, sinagogas y mezquitas donde el nombre de Al-lah es frecuentemente celebrado» (22: 4042).

El Sagrado Corán ordena a los musulmanes «luchar sólo contra quienes os combaten y nunca excederse. Porque Al-lah no ama a los agresores».

Es irónico, sin embargo, que los eruditos occidentales hayan caracterizado a estas primeras guerras defensivas islámicas como de «sumamente ofensivas».

El Sagrado Corán no es sólo un Libro Revelado, sino también la más auténtica crónica de la historia, según fue conformándose. Incluso el Corán sostiene que los primeros musulmanes sentían gran aversión hacia la guerra, pero que fueron forzados a luchar en defensa propia. El siguiente versículo coránico describe claramente el incidente: «¿Por qué no lucháis contra los que violaron sus juramentos, tramaron expulsar al Santo Profeta de su hogar e iniciaron hostilidades contra vosotros?».

El Santo Profeta y los musulmanes nunca fueron culpables de agresión hacia nadie. Les repelía luchar incluso en defensa propia. Sin embargo, se les ordenó rechazar a los agresores y obedecieron las instrucciones espléndidamente, ocasionando una aplastante derrota a los Quresh y conquistando la Meca finalmente.

La conquista de la Meca se planeó con una única estrategia, con el fin de evitar derramamiento de sangre. Ninguna vida, incluso del más enconado enemigo, debía ser destruida, ni dañada ninguna propiedad cualquiera que fuese. Sin duda alguna, los «diez mil santos timoratos», los soldados del Islam, entraron en la ciudad de Meca de muy distinto modo a como acostumbran los ejércitos que conquistan e invaden ciudades enemigas.

Este ejército de «Santos timoratos» (Deut. 33: 1) entró en la fortaleza de la Meca bajo el mando del Santo Profeta Mohammad, la paz y bendiciones de Dios sea con él, y no se presenció ningún asesinato o saqueo, ni se cometieron raptos o matanzas. En muy alta voz se difundió la siguiente proclamación:

QUIEN ENTRE EN LA SAGRADA MEZQUITA NO SERÁ LASTIMADO

QUIEN ENTRE EN EL PATIO DE ABU SUFIAN
(un encarnizado enemigo y el comandante de los habitantes de Meca)
NO SERÁ LASTIMADO.

QUIEN SE REFUGIE BAJO LA BANDERA DE BILAL NO SERA LASTIMADO

QUIEN PERMANEZCA EN SU PROPIA CASA NO SERÁ LASTIMADO

QUIEN ARROJE LAS ARMAS NO SERÁ LASTIMADO

Este resonante anuncio fue oído en las mismas calles que presenciaron las brutales torturas sobre los primeros musulmanes. Los líderes de Meca, que en un pasado tan próximo fueron sus más crueles enemigos, se acercaron a él en penosa humillación temiendo un severo castigo como represalia. Pero todo cuanto dijo el Santo Profeta, la paz y bendiciones de Dios sean con él, fue:

NO RECIBIRÉIS CASTIGO ALGUNO NI HABRÁ REPRESALIAS EN ESTE DÍA

La historia mundial adolece, por desgracia, de tan noble ejemplo de perdón.

PAZ CON UNO MISMO

El tercer aspecto de paz en el Islam paz con uno mismo no es menos importante. El Sagrado Corán lo describe como «el alma en paz». El alma humana, creada por Dios, ha sido implantada con un fuerte deseo, un anhelo de buscar a su Creador, de encontrarle y amarle con la máxima capacidad. Para alcanzar la verdadera paz consigo mismo es esencial satisfacer este ansia natural e innata pasión. El hombre no puede estar realmente en paz consigo mismo realmente contento y satisfecho de sí mismo y de su existencia a menos y hasta que haya encontrado la paz verdadera en Dios y alcanzado el estado de «el alma en completa paz».

IMPRIMIRPALABRA: MAHOMA

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