EL INDIVIDUO Y LA SOCIEDAD

OMRAAM

13/09/2016

Articulo EL INDIVIDUO Y LA SOCIEDAD

Categoría: SOCIEDAD

Se discute mucho sobre el problema de la pena de muerte. En la radio, en la televisión, magistrados, psiquíatras, sociólogos presentan sus observaciones y sus conclusiones, y la opinión pública está dividida. Unos piensan que hay que castigar a los criminales como ejemplo, y castigar con la muerte para asustar a los demás. Otros piensan que el miedo a morir nunca ha detenido a los criminales y sobre todo, que ningún hombre tiene derecho a decidir sobre la vida de otro. Por lo tanto las discusiones son interminables...

Pero nunca he oído en la radio o en la televisión lo que voy a deciros hoy.

Porque los humanos, que no conocen la ciencia Iniciática, siempre se ven obligados a resolver los problemas según los acontecimientos que se van desarrollando en la vida, y según las ideas o los prejuicios que circulan por el mundo, sin saber lo que en realidad ocurre en el plano invisible.

La ley del talión: «Ojo por ojo, diente por diente», jamás ha resuelto los problemas. La prueba está en que incluso cuando se aplica, la criminalidad aumenta en lugar de disminuir. Todo el mundo puede ver, las estadísticas lo dicen. Pero sobre todo, y ahí tenemos una verdad muy importante, nos equivocamos al creer que nos desembarazamos de un criminal matándolo, porque una vez muerto va al plano astral y al plano mental inferior, y allá se refuerza el mal. Sí, su influencia se infiltra en la cabeza y en el corazón de aquellos que están en la tierra y les empuja a cometer crímenes para realizar a través de éstos sus proyectos dañinos. Incluso tiene más posibilidades de acción que antes de su muerte, porque ya no está limitado por su cuerpo físico y por lo tanto puede actuar a través de numerosas personas. Mientras que un líquido maloliente esté encerrado en un frasco, el olor no puede desparramarse; pero abrid el frasco, verted el líquido: el olor invade la atmósfera. De la misma manera, mientras el criminal está vivo, el ser infernal que lo habita permanece encerrado en su cuerpo, pero en cuanto muere, este ser se libera: su cuerpo astral se expande y visita a un gran número de cerebros humanos para influidos.

¿Os extrañáis? Estas son verdades desconocidas por la mayoría de las personas, y por eso, incluso los especialistas que hablan por la televisión están lejos de poder resolver los grandes problemas de la existencia: porque sólo se basan en los puntos de vista limitados de los terráqueos. Para resolverlos hay que ir muy alto y conocer la estructura del universo y del ser humano.

Suponed que un criminal haya sido ejecutado: se han desembarazado de él en el plano físico, de acuerdo, pero sigue viviendo en los planos sutiles y su deseo de venganza y de destrucción está intacto. Matando el cuerpo no se ha matado el deseo, porque el deseo no es físico, no forma parte del plano físico.

Las personas se imaginan que el hambre que siente, la sed, la necesidad de amor, el sufrimiento, está en el plano físico. De ninguna manera; están en el plano astral. Si retiráis el cuerpo astral y el cuerpo etérico de alguien, podéis cortado en pedazos, y no sentirá absolutamente nada. La sensación no depende del plano físico.

Cuando se piensa resolver el problema de la criminalidad mediante la pena capital, no se sabe que el espíritu del malhechor prosigue su actuación en el otro lado. Se cree que, ya que el cuerpo no está ahí, no cometerá más crímenes. Pero entonces, ¿por qué se produce el mismo fenómeno cuando se asesina a los profetas, a los grandes Maestros? Se constata que sus ideas se propagan aún con más fuerza... También eso resulta inexplicable.

Sin embargo, parece ser que actualmente se hace la luz en algunos dirigentes. Cuando quieren hacer desaparecer a una personalidad muy conocida que les molesta - un jefe político o religioso - empiezan a reflexionar y se dicen: «Atención, no le matemos, porque entonces sería considerado como un mártir, sus partidarios o sus discípulos aumentarán y la situación se volvería contra nosotros. Conservémosle la vida.» Han comprendido que matando a un hombre no se suprime su ideología, porque otros la toman de nuevo y vuelve a empezar con un anhelo más poderoso. Diréis: «Pero es debido a que los partidarios o los discípulos, viendo que han matado a su jefe, están indignados y tienen mayor ardor para continuar.» Hay algo de verdad, sí, pero lo que no se sabe es que en el otro mundo, el espíritu de un profeta, de un mártir, conserva las mismas convicciones, el mismo deseo de iluminar a los humanos y de hacerles evolucionar. Entonces, continúa su trabajo y tiene muchas más posibilidades de propagar sus ideas. Mientras estuvo en la tierra no podía encontrar las personas capaces de acoger sus ideas, estas personas estaban demasiado dispersas en el mundo. Pero una vez en el plano astral, es libre y puede ir a encontrarlas para influir en ellas. Por esto, a menudo, la muerte de algunos Iniciados es preferible para la propagación de sus ideas.

Observad la formidable expansión del cristianismo después de la muerte de Jesús...

Quedándose en la tierra, naturalmente, un Maestro puede trabajar, puede actuar, puede dar ejemplo, pero esta acción está limitada a un número muy reducido de personas: los que le rodean, los que se acercan y los que le conocen. Pero cuando se ha separado del cuerpo físico, puede influir en muchos más espíritus. Esto no significa que haya que hacerse matar para tener inmediatamente más influencia, no, simplemente es para deciros cómo ocurren las cosas en el mundo invisible.

Por lo tanto, no se debería castigar con la muerte a los criminales debido a las consecuencias resultantes en el plano invisible. Corresponde a los humanos el organizar las condiciones vitales para que no haya más malhechores. Pero mientras una sociedad no esté organizada sobre bases espirituales, es como un pantano, y los pantanos sólo pueden producir mosquitos, es decir criminales. ¡Es inútil querer hacer justicia!

Por otra parte, mientras se actúe según la justicia, no se resolverá ningún problema esencial. ¡No hay que ser justo!... Vuestros cabellos se ponen de punta, ¿no es así? Sí, estoy abogando por la injusticia. Pero no me critiquéis tan deprisa, enseguida me comprenderéis.

Uno de los símbolos de la justicia es la balanza. Estudiad por lo tanto cómo se sirven los humanos de la balanza y comprenderéis muchas cosas.

Vais al mercado y pedís un kilo de cerezas: el comerciante lo pesa, se da cuenta de que hay una cereza de más, y la saca... ¡porque es justo! Más allá, hay un segundo comerciante que ha desequilibrado su balanza y que, por un kilo, siempre os da unas decenas de gramos menos; os dais cuenta en vuestra casa al volver a pesar los frutos y las legumbres, y os sentís descontentos por esta injusticia. La justicia del primer comerciante la aceptáis: no os entusiasma, pero no hay nada que decir, este buen hombre se ha mostrado perfectamente justo. Mientras que el segundo que os da menos de lo que debe... ¡entonces, ahí os enfurecéis! Por fin, vais a un tercer comerciante, y también le pedís un kilo de cerezas: pesa el kilo, y después añade un poco más. Este comerciante, ¿es justo o injusto? Es injusto, pero os admiráis ante esta injusticia. ¿A qué se debe que en este caso prefiráis a las personas injustas?

Por consiguiente existen dos injusticias y una justicia. La injusticia puede ser buena o mala, mientras que la justicia no es ni buena ni mala... ¡Es justa! Y yo predico la injusticia. Pero, ¿cuál? Alguien os da una bofetada y vosotros le devolvéis dos: es injusto e incluso cruel, sólo había que devolverle una. Algún otro da también una bofetada pero vosotros le devolvéis una caricia, unas palabras amables o un regalo. También es injusto, pero yo predico este tipo de injusticia que se llama amor. Sí, el amor es una gran injusticia: dar, ayudar, amar a alguien, aunque no lo merezca, es injusto, pero hay que ser injusto de esta manera. Evidentemente, está bien el querer aplicar la justicia: si todo el mundo fuese justo, no habría mucho amor, y tampoco habría tantos crímenes y tantas guerras. Sin embargo yo predico la injusticia, lo único que puede salvar al mundo.

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